Debería servir para todo lo contrario, llegando a evitar quejas o malestar ciudadano. Si se publican webs accesibles (sencillas de entender, con renders y vídeos corporativos) se puede informar además sobre incidencias en los proyectos, justificar por qué se hace X y no Y; en el caso de reformas, explicar por qué estaba mal lo anterior…
Todo enfocado a que el ciudadano (y la oposición) no desesperen cuando ve un solar vacío con un único cartel del proyecto, o cuando se encuentra la Puerta del Sol empantanada durante medio año.
Nos habríamos evitado toda la movida de convertir Sol en un jardín, se podría haber justificado mucho mejor el corte de árboles enfermos en Prado-Recoletos…
El monasterio de El Escorial mandado construir por Felipe II no fue solo una utopía política y religiosa; también fue una utopía medioambiental que modeló y dio sentido al paisaje circundante. Es precisamente en un enclave especial de este paisaje a medias natural y a medias artificial —el llamado bosque de La Herrería en la ladera sur del monte Abantos— donde se sitúa esta casa, que se encastra en el terreno a lo largo de un eje norte-sur y se fragmenta en pequeños volúmenes para atenuar su presencia en el delicado paraje. El trabajo con la escala es una de las maneras en las que la construcción dialoga con el entorno; la otra es la búsqueda de las orientaciones favorables. Así, mientras que de un lado la casa se abre al sur para aprovechar la radiación solar durante los largos inviernos, del otro se quiebra hacia el noreste en busca de las brisas suaves y frescas que provienen del bosque y que durante el verano irrumpen en las estancias con su agradable olor a pino.
No soporto ese tipo de fachadas “tendedero” que tienen mil pequeñas superficies en las que se depositará un polvo imposible de limpiar y que además te impiden ver el exterior.
Lleva meses con la “diadema” y queda de pena. Es evidente que es algo provisional, pero en esta ciudad hay cosas provisionales que se convierten en permanentes.