Buenos días chicos.
Hoy traigo una pequeña reflexión más sobre nuestro patrimonio. Supongo que si me habéis leído alguna vez, suelo hacer bastante énfasis en la imagen que nuestros monumentos presentan en la actualidad. Ya se ha comentado alguna vez la carencia de revoco en San Marcos o el atropello de la facha actual de Conde Duque. Ambos presentan un aspecto lejano a la idea real de como fueron concebidos.
Como sabéis, a finales del XIX y sobre todo, a principios del XIX, se produjeron restauraciones agresivas que eliminaron las pieles de nuestros monumentos, en esa errónea creencia de recuperar una materialidad que se presuponía la dignidad primigenia de los edificios. Por ello, hoy tenemos una idea falsa de nuestro patrimonio, idea que en el caso de nuestra ciudad, nos avoca a pensar en esa idea preconcebida de humildad y sencillez que, para nada, tiene que ver los deseos de sus habitantes en aquellos lejanos tiempos. Vamos a ver que os parece esto.
Como sabéis, Madrid se encuentra en el centro de todo, de todas las influencias castellanas que ejercieron un papel determinante a la hora de entender la estética y los gustos. Sin embargo, siempre se nos engloba únicamente en la orbita toledana. Y esto no es así. No es así primero, por la realidad geográfica e histórica de la ciudad y la relación con su entorno, y segundo, porque las cosas, y los territorios, no son compartimentos estancos.
Hoy os traigo una recreación de que como podría ser, uno de nuestros edificios históricos por antonomasia la Casa y Torre de los Lujanes. Como sabéis, sin entrar mucho en su historia, este edificio se construyó en el siglo XV, siendo Juan Lujan quien mando hacer la construcción reformando unas casas familiares preexistente.
¿Cómo era la arquitectura castellana de aquella época? Pues bien una mezcla generalmente entre elementos de tradición foránea como el gótico, y otros basados en nuestra tradición local andalusí. Esa cosa que llaman “mudéjar” y que es tan nuestro como las patatas bravas.
Si viajamos a nuestra ciudad vecina que llevaba la batuta de la moda en la época, nuestra amada Segovia, las cosas que se llevaban eran cosas como estas:
Solo voy a traer a colación este Palacio de Alpuente porque la nómina de construcciones sería eterna, pero creo que ya sabéis por donde van los tiros con esta imagen. Sí, el ESGRAFIADO.
Ahora alguien pensará que ese esgrafiado era algo que estaba en la otra parte de la Sierra y que claro que como iba a llegar hasta aquí. Pues bueno, el Esgrafiado cruzó la Sierra, obviamente, pues las tradiciones constructivas van más allá de un accidente geográfico, la cultura puede superar cordilleras y cruzar océanos. Aquí una noticia del Castillo Viejo de Manzanares el Real:
y oh! Sorpresa! Esgrafiados.
Quizá alguien me diga, bueno es que esta zona estaba en la órbita segoviana y claro, pues Segovia manda. Pues bueno, habrá que buscar algo al sur de nosotros que nos haga ser el jamón del bocadillo. Y a ello nos ponemos.
Viajamos a Toledo, a nuestra otra mitad del pan del bocadillo. Y claro, no tardamos en ver que allí los muros tienen mucha tela que cortar. Y como en la bendita Toledo hay de todo pues…si nos ubicamos en la torre del Salvador, en la calle del Santa Úrsula, nace un pequeño callejón, de esos tan toledanos que nos llevan a cápsulas donde el tiempo se quedo estancado y en donde Google, no consigue entrar.
Pues bien, entrando, nos topamos con esto:
Bueno pues ya tenemos ahí el esgrafiado “segoviano toledano”. Ya tenemos las dos partes del pan.
El esgrafiado es una técnica constructiva para proteger muros, eso es. Y en esta técnica caben todas las influencias y gustos del momento para darles un componente decorativo. Eso de las cosas peladas y mostrando muros como si de un establo se tratase, no tiene nada que ver con el buen gusto de la época. Nuestros nobles de la época tenían debilidad por los gustos andalusíes, sinónimo de elegancia y buen gusto, y siempre se relaciona esta técnica con nuestro legado andalusí. No obstante la técnica es una y los motivos otros, por eso encontramos muros andalusíes, otros con motivos góticos y otros posteriores, renacentistas e incluso barrocos. Cultos y populares. De todo vamos.
Pues bien después de esta aclaración, vamos al jamón del bocadillo. Nosotros.
¿Conservamos algún esgrafiado antiguo de esta época o cercana a ella? Bien en la calle Segovia justamente, tenemos este ejemplo.
Lo se, no es antiguo, pero bueno nos sirve un poco para hacernos a la idea de como seria un edificio madrileño esgrafiado. Le tengo mucho cariño, no lo voy a negar. Pero bien, ¿conservamos algún ejemplo antiguo? Sí, pero no. Lo tuvimos y lo perdimos pero lo podemos ver. Lo tenemos aquí:
Nuestra Casa Cisneros, nuestro palacio renacentista más conocido, construido como 100 años después que nuestra Torre de los Lujanes, más o menos. Hoy la vemos tal cual la dejó nuestro gran Luis Bellido. Pero os he dicho que podemos encontrar esgrafiados en ella. Y si los encontramos, en los grabados antiguos. He aquí el grabado:
y he aquí el Esgrafiado:
Pues bien ahí está la prueba de que, en Madrid, también había esgrafiados. Algo lógico y normal teniendo en cuenta los gustos de la Castilla del siglo XV y XVI. No debería de extrañarnos, pero nuestro conocimiento de nuestra arquitectura histórica es tan escaso, que las cosas lógicas a veces nos sorprenden. Madrid era una ciudad castellana más, bueno más no, una ciudad donde habitualmente vivían reyes, nacían reyes, y morían reyes, por lo que los gustos eran los de cualquier ciudad cortesana castellana de la época.
Como veis, en el grabado también se aprecia una ventana tapiada. Estos grandes vanos con balcones son habituales de la arquitectura a partir del XVI y sobre todo, XVII y XVIII, pero en la arquitectura anterior no era así. Esta aclaración sirve para lo que se viene y ya termino.
Pues bien llegados a este punto. ¿Cómo sería nuestra Torre de los Lujanes?
Hoy la tenemos así. La imagen actual es la propia de nuestras restauraciones de principios de siglo en el que se decidió, para homogeneizar los materiales de la Plaza de la Villa, y darle ese carácter “antiguo”, quitar todas las pieles que a lo largo de la historia tuvo el edificio. Una imagen falsa que si la viera Juan de Lujan, creo que se volvería a morir. También se muestra con las variaciones propias de los gustos y las necesidades del tiempo, como esas ventanas que, una vez, fueron balcones, y antes de balcones, lógicamente, deberían ser ventanas.
Solo os dejo la siguiente imagen para que reflexionéis, y reflexionemos, sobre quiénes somos, qué es nuestra ciudad, cuál es su historia, y cuál es el camino que deberíamos seguir para conocernos mejor. ¿Cómo sería nuestro Madrid en la época dorada de Castilla, en la baja Edad Media, cuando nuestra ciudad adquiere su carta de importancia, cómo sería su arquitectura, cómo vivirían sus habitantes más privilegiados? Pues aunque no podamos verlo, quizá podemos imaginarlo, pero cada vez más, con una imagen precisa, lógica e histórica. Aquí va, una de mis debilidades. Espero que este ladrillo haya servido para algo y no os haya aburrido, y cito a @giraldeo por si puede llegar esto a alguien que muestre interés en estos temas dentro del ayuntamiento, puesto que, de momento, parece ser nuestro único interlocutor conocido. Si habéis llegado hasta aquí, este es el premio:
Se que es una recreación, se que es una imaginación, pero la imagen real que presentaría este edificio es probable que fuera más cercana a esta, que a la falsa que presenta hoy en día que nada tiene que ver con su época. Un cordial saludo a todos y perdón por este ladrillo que espero, os haya servido para algo. Buena mañana!