Bueno chicos, vamos a hacer un poco de magia. De la misma manera que el edificio de Cabestreros tiene un revoco que no permite percibir la antigüedad del edificio, a pesar que conserva todos sus elementos dieciochescos, al palacete amarillo pollo le pasa lo mismo. Aquí el valor se ve más fácilmente porque nos han enseña que “granito bueno”, “ladrillo caca” (perdón la palabra pero así se entiende a todos los niveles), pero si no tuviera esa portada, no tendría elementos de valor…porque los hemos perdido.
En numerosas ocasiones que hablo de los revocos, os he comentado la importancia que tiene esta ultima piel para alcanzar la representatividad que precisan este tipo de edificios. Y también os he comentado que esto no es sinónimo de pobreza, si no todo lo contrario. De la misma que muchas veces un buen acabado en estuco en decoraciones de interiores era más caro que el mismísimo mármol al que imitan.
El revoco es la ultima piel, necesaria en la arquitectura histórica para su salvaguarda y para, a su vez, terminar la arquitectura, porque la buena arquitectura siempre va acabada y decorada.
Pues tenemos este palacete de principios del XVIII, vamos a darle una vuelta.
Mi primera opción es tomar como modelo muchos de esos revocos dieciochescos que vemos en La Granja, que ya se que la uso mucho como ejemplo, pero es que es el lugar mejor conservado. Los acabados dieciochescos de La Granja nos sirven para imaginarnos el Madrid de la época, pues Madrid estaría llena de estos revocos también, como se puede comprobar en las fotos más antiguas de Cabestreros 1. Así que aplicando un revoco de esta época podríamos tener esto:
El color verde ya he comentado que era comun a mediados de la centuria, como lo era el Palacio de Boadilla o San Miguel. De todas maneras, si esta imagen os parece exótica, podemos darle un tono más común:
Pero os voy a proponer otra cosa, más en la línea de la época en la que fue construido.
Al principio os he dicho que el ladrillo era “caca”, pues bueno, esto era una afirmación falsa. el ladrillo podía ser un material barato o caro dependiendo de su cocción, pues en una industria artesanal los ladrillos se cocían de manera irregular. Los mejores cocidos eran los más caros, y estos tenían un tono mas rojizo tendiendo al morado. Por lo tanto imaginar una fachada de ese tipo de ladrillos era lujo. Asi que esta fachada que pongo, de las Capuchinas de Toledo, no era pobreza, era riqueza, de la misma que el negro de la corte de los Austrias no era austeridad y pobreza, era el lujo del color negro, el tinte más caro traído de America:
Pues bien, aquí ya sabemos que el ladrillo también podía ser bueno bueno y no hay que ocultarlo sino imitando. Pues bien tomando como modelo otro maravilloso revoco que hay en esta, nuestra Toledo, la ciudad más monumental del mundo y de parte del extranjero, que tan bien recupera su imagen en la magnifica labor del Consorcio, vamos a ver como quedaría nuestro palacete con una decoración más cercana a los gustos del arquitecto y la época que se hizo. Y el modelo no es más que este que está en la calle de Santa Fe y que creo que muchos conocéis, que además tiene una cornisa en forma de caveto como Cabestreros 3:
Pues bien, con una decoración barroca de este tipo pues nuestro pollito quedaría así:
Pues bien señores, aquí tenéis la verdadera imagen de Madrid.
A pesar que a veces uno se cansa de estar argumentando, escribiendo y compartiendo lo poco o mucho que sabe, he pensado que esto se lo merecía, aunque sea en honor y en memoria de nuestros futuros edificios que pasarán a engrosar la lista de la ciudad desparecida, porque solo el conocimiento, salva el patrimonio.
Recordemos que las apariencias pueden engañar…
Ojala algún día, veamos cosas como esta en nuestra ciudad. Un saludo.