Sé que esto a algunos les molesta, no sé si esto merecería estar en otro lugar. Tampoco puede ser que se convierta en un tema tabú.
Sin duda Madrid (y Valencia o Málaga) se ha beneficiado de la deriva barcelonesa de los últimos años, que combinaba una línea de ciudad básicamente decrecentista (un “Barcelona ni crece ni crecerá”) con, como no, el ambiente nacionalista institucional que lo empapa absolutamente todo por ahí y que de alguna manera han normalizado.
Veíamos de todo, a veces cosas que rozaban lo surrealista: una actitud municipal hostil el Barcelona Mobile World Congress, intentos de terminar con el 22@ y limitar su desarrollo, cancelar pryectos que sospechosos de promover la españolidad de la ciudad como la sede del Museo del Prado, caída espectacular de la obra nueva y siempre se rebajaban las cifras o el impacto de las operaciones municipales pendientes, sin atender realmente la gravísima crisis de vivienda de la ciudad.
Eso no quita que hubiera mediáticas operaciones de reforma urbana o llamativas promociones y dotaciones públicas, o medidas que pudieran ser necesarias y positivas como la limitación por barrios y calles del número de habitaciones hoteleras. Pero como dicen, el chocolate del loro.
Madrid, conste, tampoco es que haya tenido la política más astuta de todas. A nivel urbanístico la casi nada absoluta, no hemos conseguido generar un distrito de negocios todavía, se nos atraganta la ampliación de IFEMA…
A nivel nacional el Gobierno parece mucho más favorable al gobierno que hay ahora en la ciudad condal. La relación que está habiendo Estado-Madrid da vergüenza ajena, en ambas direcciones, parece una dinámica que roza lo procesista.
Súmale ahora un alcalde en Barcelona que parece es bastante ambicioso, aparentemente, sin duda apunta más alto que el de Madrid. Lleva varios concursos internacionales de proyectos convocados, Capital Mundial de la Arquitectura 2026 o la celebración de algún evento internacional en 2029 con motivo del 100 aniversario de la exposición, parece que peleará por ampliar el Prat (con la sintonía con el Gobierno y la lluvia de millones estatales que riega las infraestructuras de la ciudad, puede ser bastante probable). Es un defensor de una Barcelona metropolitana (condición que en Madrid, de manera alucinante, es ajena a los políticos) y más autónoma.
No creo que llegue a eclipsar Madrid ni, yo que sé, arrebatarle la capitalidad artística o financiera, pero la diferencia en cuanto a atractivos que podía haber antes parece que se ha reducido significativamente, diferencia que antes nos atrajo profesionales, inversiones y empresas.