Después de leeros indicar que el edificio como concepto es muy interesante, pero como bien indica @UrbiEtOrbe no es perfecto.
El interior lo puedo entender, en general me gusta, en cambio el exterior lo percibo como un inmenso mazacote con demasiados errores, y no lo digo por las chimeneas y la entrada de ambulatorio, sino por desperdiciar lo que podría ser un fabuloso mirador en lo que es su techumbre.
Tampoco me gusta unas columnas en fachada que crean ventanas demasiado estrechas y no permiten disfrutar con comodidad de la vistas, y que no están en consonancia con el palacio como se aprecia en la fotografía.
Las ventanas se hicieron así para que entrara luz directa, que en los espacios expositivos es algo que se desaconseja: genera claroscuros muy fuertes que te impide ver la obra con luz controlada e invariante a lo largo del día.
De hecho, el orden de las ventanas creo que obedece a lo que los arquitectos preveían iba a ser la exposición del museo.
El museo tiene dos pieles: la exterior de granito y la de ¿hormigón blanco? interior, que es la que vemos.
En la planta de recepción vemos las ventanas, que dan directamente al exterior. Coinciden los huecos de las dos pieles.
En la siguiente planta hacia abajo (creo que era la pensada para los tapices) no coinciden los huecos, por lo que entra luz indirecta general.
En los siguientes dos niveles hacia abajo, dos dos tipos de cerramiento: parte de arriba no coinciden, mientras que a la altura de una persona sí coincide, para poder ver el exterior.
En teoría hacen lo de las dos pieles (me parece ingenioso) porque es lo que también sucede, en sus palabras, en el Palacio Real (ellos contemplan este Museo como una ampliación del complejo palaciego).
Pero creo que lo de las dos pieles… es imperceptible para la mayoría… Cuando estaba en obras se veía más.
Parece que en el proyecto museográfico, además, ¿tapan las ventanas de los niveles inferiores?
Esa luz en una sala de tapices es menos realista que el Le Corbusier en blanco y negro.
Si es cierto que cuando había salas de “artes decorativas” y de carruajes, daban más juego para dejar entrar la luz, que ahora que está todo mezclado.
Pero si, una pena que al final no entre luz. Incluso, la primera vez que fui al poco de inaugurar, tenían abiertos los postigos de la zona de la Fuente del Águila, que iba un poco en la linea de traer el exterior al interior con la fuente, zona de descanso, etc. Después lo he visto cerrado, y sospecho que así se va a quedar
Siendo así pienso que es un error de diseño de fachada, ésta debería haber propiciado la tamización de luz natural óptima para no tener que estar continuamente cerrada a cal y canto.
O haber creado una logia separada, como en el Museo del Prado, que permitiese disfrutar al visitante de las vistas.
O crear claraboyas que permitiesen la entrada de luz tamizada.
Pienso que con haber dejado, en los huecos, la altura de las vigas sin cerrar, junto al techo, con un panel de cierta longitud impidiendo la entrada vertical de luz hubiese quedado bien.
Habría que ver (y yo solo he estado en julio y agosto), como juegan, si es que lo hacen, con los postigos.
Es un edificio orientado al oeste, y la chicharrera del sol de la tarde en Madrid es importante. Sin embargo, entre finales de otoño, ahora en invierno, y principios de primavera, podrían dar un poco de cancha a la luz natural. Pero eso sería complicarse la vida, claro…
Bastante lúgubre, me costaba leer algunas cartelas, y no tengo presbicia.
Un peto de madera horizontal de un par de metros de largo a ras de cada viga del techo, en el que terminasen los postigos, habría generado una luz reflejada entre vigas que no creo que hubiese sido excesiva.
La fachada de hormigón blanco me parecía bellísima, mucho más estilizadas sus columnas… Su recubrimiento de granito le homogeniza más con el Palacio, pero creo que empeora la estética general del edificio del museo.
Dentro de las salas se podría haber previsto un sistema que matice la luz, no unos postigos totalmente opacos.
Pero tener vistas dentro de las salas no parece muy factible, habría que haber hecho una división horizontal.
Es que hasta en eso replica al Palacio, siempre con ventanas cerradas a cal y canto.
Viendo lo que hay dentro, me parece arriesgado abrir los postigos. Mucha luz.
Y, para colmo, con todo el programa del museo alterado; de temático a dinástico.
A mí, en particular me sirve con saber que se puede abrir si se necesita. Y, si acaso, con una solución similar a la que propone Urbi, con los petos dirigiendo luz al forjado. O bien jugar con aperturas parciales en algunas ventanas.
Pero, en general, la penumbra me gusta (también en casa). Y en este caso, la luz recogida, esa sensación de caverna o bodega monumental, me gustó. Te centra en los objetos.