¿Os estáis dando cuenta? Estamos oootra vez tirándonos los trastos a la cabeza.
Por el amor de Dios, basta de historias de buenos y malos. En Badajoz, efectivamente, se cometieron atrocidades inimaginables, historias que llegaron a Madrid, y por el camino fueron aún exageradas, con historias de lidia de seres humanos en la Plaza de Toros de Badajoz (insisto, no hacía ni falta exagerar)… ¿Qué pasó en el Madrid sitiado del inicio de la guerra? Se creó una psicosis tal con los supuestos quintacolumnistas que literalmente se produjo un exterminio de cualquier persona sospechosa de ser de derechas (bastaba ser católico o tener un negocio para ser sospechoso) las famosas sacas de Paracuellos. Aún en ese horror emergieron valientes que arriesgaron sus vidas para parar las matanzas (el famoso “ángel rojo”)
Historias como estas se dieron en toda España. Ser sospechoso de rojo era sinónimo de fusilamiento sumario. En otras zonas todo lo contrario, en las chekas se afanaban en arrancar los dientes de oro a los asesinados…
Que NO. Que no hubo buenos ni malos. Hubo un país con un analfabetismo sangrante, un país plagado de salvapatrias radicales que incitaban a los unos contra los otros, con la única intención de trepar o de mantenerse en el machito. Que hubo quema de conventos y asesinatos de religiosos mientras que en la otra punta de España los señoritos abusaban de sus empleados y empleadas… Un polvorín que no podía acabar de otra manera como acabó.
Tras 40 años atroces, los españoles dimos ejemplo al mundo dándonos la mano. Perdonando, que no olvidando, viejos rencores. Avanzando. Suárez, Carrillo, Gutiérrez Mellado, Sabino, Carmen Díez de Rivera (ojalá algún día se reconozca todo lo que le debemos a esta Señora, con mayúsculas) Marcelino Camacho, el Cardenal Tarancón, Juan Carlos I, Felipe, Solé Tura, Roca… todos ellos, con sus luces y sus sombras, remando al unísono para enterrar los odios.
Señores, que a los de arriba les damos igual, que no nos enfrentemos. Vayamos a por ellos, echémosles de una vez cuando no cumplan, seamos críticos, con la palabra y la democracia, pero enfrentémonos a ellos, nunca más entre nosotros.