Imagino que, para los recrecidos, rige la misma norma que para cualquier edificio de Madrid: que ha de hacerse de manera que se distinga del original. Es norma como mínimo discutible, pero ahí está.
Y otra cosa es también como se ha resuelto su cumplimiento: sin poder mimetizar, se opta por algo lo más parecido posible, en colores al menos, con el resto del edificio.
Por otra parte, tengo la duda de si, dada la protección del forjado superior y de los soportes que de él cuelgan, se ajusta a la normativa ese recubrimiento de cristal sobre el hormigón del forjado que, además, lo ensancha, creando una especie de corte a media fachada.
Imagino que con tanto condicionante, incluyendo la necesidad de ganar superficie, el proyecto era complejo.
Se optó por aprovechar altura, llevando parte de la edificabilidad baja a la parte alta, mimetizando en lo posible el recrecido.
Quizá hubiera sido más interesante, además de generar unas escaleras y cuerpo de ascensores “invisible”, reflectante, discreto, que dejara bien a las claras el origen en dos torres del edificio, mantener e, incluso, ganar superficie en las plantas bajas y reducir el recrecido, creando, con materiales y formas completamente distintos a los del resto de la fachada, pero coherentes con el hormigón del forjado, una especie de pináculo, chapitel, cúpula, peineta, diadema o lo que fuera, alquilable.
Lo que se está haciendo me parece, simplemente, un error. Y un error hasta feo y, desde luego, poco respetuoso con el proyecto original de Lamela, cuyos alardes estructurales casi desaparecen de la vista.