Cuidado, con el repetir ese discurso (que no es personal: yo no dejo de leerlo de forma clónica) que reclama mayor pompa y boato, elementos de poder (grandes edificios, interiores recargados) para expresar el “poder” del Estado.
Cuidado, porque lleva a confusión, y muchas veces no está cimentada en la comunicación efectiva, si no en complejos y suposiciones.
Creo que lo que está pasando en EEUU es paradigmático. La imagen del país, a nivel institucional, buscó esa diferenciación de las “corruptas y decadentes” monarquías europeas (de la que se independizaron) con arquitectura sencilla, mínima, alejada de los palacios barrocos europeos. Está claro que los estadounidenses tenían la capacidad financiera, tecnológico y artística para construir un centro de poder mucho más grande y llamativo que este.
En la búsqueda de la gloria nacional pasada, revivirla, la corporación actual está deshilando un discurso asentado, muy alineado con la cultura protestante que domina el país.
España tiene palacios de primer nivel, y deberían estar cuidados y mantenidos.
El régimen actual (especialmente en los últimos años) descuida bastante el apartado “imagen”.
Pero tal vez los supuestos valores oficiales de los gobiernos españoles no estén alineados con la pompa y boato de las monarquías absolutas.