En general los productos franquiciados reciben mucho más feedback del consumidor que los que son elaborados por establecimientos locales, llamémosles “artesanos” para darles un empujoncito de imagen.
Las franquicias poseen datos de valoración que se pueden contar por millones, lo que les proporciona la posibilidad de ofrecer un producto con cierto nivel de calidad constatada, a veces a escala internacional. De esta forma pueden estandarizar sus procesos, sus fórmulas, sus embalajes, sus protocolos, etc. Que os voy a contar que nadie sepa. Así jamás se equivocan, al menos siempre pueden alegar educadamente si no le gusta un producto a un cliente que se tiene que aguantar porque así se hace en todo el “mundo”. Bueno, si gusta no hay problema, pienso que siempre sabrá igual y siempre se consumirá sin ninguna expectación puesto que ya se sabe lo que se recibe, hasta la temperatura será constante…
Acepto ser un mete chismes, pero en el tema del café, como en muchos otros, prefiero arriesgarme a que me sirvan un café en una taza normal, no en un envase de cartón tapado, en uno de estos locales “artesanos”, con una decoración propia (que puede ser horrenda), con un ruido y unos aromas propios (a veces insoportables), que en una franquicia aséptica donde ya sé lo que va a pasar con antelación.
Es decir, la experiencia de degustar un café no solo reside en el producto homogéneo y repetitivo que te sirven y que te esperas si ya has pasado por allí, personalmente también le doy importancia al entorno, a las maneras del jefe detrás de la barra, al contenido por supuesto, y a eso “que puede suceder”.
Lógicamente, si la experiencia es negativa pierden un cliente, como no puede ser de otra manera.
Starbucks jamás pierde clientes porque ninguno puede decir que es una experiencia negativa, muchas veces es todo lo contrario. Pero por Dios… falta alma a esos sitios. Has visto uno y ya sabes cómo son en el mudo entero, para siempre, sin misterio alguno, solo te queda el sabor rico de un café. Para eso te lo puedes comprar como un take away y tomártelo en un banco mirando al parque. Es lo que muchos hacen, porque se aburren de siempre lo mismo.