Con que lo hecho hubiese tenido cierta simetría y hubiese seguido el estilo del que hace esquina con la cuesta de San Vicente hubiese bastado.
Plan Besteiro 1939
Algunas citas del libro que público la Consejería de Obras Públicas, Urbanismo y Transportes de la Comunidad en 2003.
Situación previa en la dirección republicana de la ciudad.
Si durante años la referencia municipal de Besteiro fue el programa vienés, la política de los concejales próximos a él en nada se ajustó a lo conseguido por aquella municipalidad: frente a la construcción de grandes bloques de vivien-das de alquiler, el grupo socialista madrileño (como se refleja en la revista Tiempos Nuevos, su órgano de expresión) dedicó su atención a la edificación de co-lonias de casas baratas unifamiliares, a la construcción de mercados, casas de socorro, casas de baños… Sin embargo, pese a que está claro que todas estas ac-tuaciones eran necesarias para transformar la vida de la ciudad, quedan en pu-ras anécdotas frente a las 58.667 viviendas construidas entre 1920 y 1932 por el Ayuntamiento austriaco. Es cierto, cabría argumentar, que ni Francisco Azorín, ni Enrique Pfitz, ni Manuel Ruiz Senén (los tres arquitectos del PSOE en-cargados de la construcción de las barriadas de casas baratas para la Coopera-tiva Pablo Iglesias) tuvieron la talla, formación o visión que caracterizara en Viena a arquitectos como Ehn, Gessner o Schmidt. Posiblemente debido a ello, e influido por la cultura anglosajona, el prólogo que Besteiro escribe para el Esquema y bases para el Plan Regional introduce una singular novedad, al primar las referencias al Greater London sobre cualquier otra experiencia europea. De este modo, y olvidando tanto los reiterados y citados ejemplos vieneses como las recomendaciones que en 1930 hiciera Paul Bonatz (con motivo de formar parte del jurado en el Concurso para la Extensión de Madrid), Besteiro -lejos de la arenga sobre el “heroísmo de la ciudad sitiada”- sorprende al lector con la publicación de un texto que se quiere técnico, que aspira a ser referencia teórica y donde entremezcla proyectos debatidos con propuestas nuevas, siempre desde la voluntad de repetir en Madrid la experiencia territorial concebida por Abercrombie en el Plan de Londres.
Parece que hubo dos posturas para abordar la transformación del Madrid republicano. Besteiro, Saborito o Muiño opuestos a proyectar Madrid “desde la región” y más preocupados en actuaciones puntuales, y Azaña, Zuazo o Prieto, que sí querían definir un proyecto global de ciudad con grandes transformaciones como la construcción de la Castellana como proyecto de Estado.
Durísimas palabras llega a dedicar el entonces presidente del Consejo de Ministros.
Madrid no me inspira una afición violenta. Si el amor propio de los madrileños no se irrita, añadiré que Madrid me parece incómodo, desapacible y, en la mayor parte de sus lugares, chabacano y feo. Es un poblachón mal construido, en el que se esboza una gran capital.
Parece que tanto República como Dictadura coincidían en que Madrid era una ciudad a transformar profundamente.
En 1932 denunciaba que el Estado “debía hacer algo por el Madrid venidero” frente a un Ayuntamiento que “no funciona y solo hace tonterías”, como el ajardinamiento de la Plaza Mayor.
¿Por qué esa frase me ha recordado a Almeida?
Tras el fracaso de la iniciativa pública para construir vivienda, Arrese optó en 1957 por un sistema público-privado, aprovechando además la nueva legislación sobre Suelo y Propiedad.
El objetivo, proporcionar vivienda asequible a los millones de personas que, en plena industrialización, se movían de un campo que se mecanizaba a la ciudad.
El Estado, con recursos muy escasos, subvencionaba parte del coste y financiación de las viviendas y los privados las construían. Por ley, las empresas con más de, creo, 500 trabajadores, tenían que proporcionar viviendas a sus trabajadores. El resultado fue que el 60-70% de los millones de viviendas construidas entre 1958 y 1980 tuvieron algún tipo de protección pública, resultando asequibles a una mayoría de las nuevas clases medias.
En el envés, y aparte de que, a pesar de todo, siempre hubo déficit de oferta (chabolas, algo que también sucedía en ciudades como París o Milán) fue un estilo, digamos, poco cuidado en la mayoría de las promociones, déficit de equipamientos (algo que sigue sucediendo), etc, etc.
Con todo, son barrios que, a pesar de su dudoso cuidado urbanístico, han funcionado mejor que los futuristas Grands Ensembles franceses o que muchas promociones del Norte de Europa.
Ahora, la tarea pendiente es, 60 años después, su puesta al día con cierto orden y sentido, recuperando, en lo posible, sus valores arquitectónicos (que muchas, los tienen, como nos muestra Tonino reiteadamente).
Están los mangadistas en la izquierda (que como vemos, hasta podrían tener antecedentes en la Republica) y los manzanistas en la derecha ![]()
Con ambos la ciudad sufre al no proponerse soluciones a sus grandes problemas y tensiones.
Hay cosas en ese texto que no me encajan.
El Plan Abercrombie es posterior a la caída de la República y, por tanto, a cualquier responsabilidad de gobierno de Besteiro.
La remodelación de la Plaza Mayor comienza en 1936, y para “desajardinar”, de manera que en 1932 no parece que estuviera en la agenda.
En realidad, lo único “republicano” en Madrid es lo que resultó del “pormihuevismo” de Prieto - en esencia, primer tramo de prolongación de la Castellana, Nuevos Ministerior y Enlaces Ferroviarios- y todo ello inacabado.
Y no sé si habría que anotar en ese balance el comienzo del chabolismo masivo como consecuencia de combinación del hundimiento de los precios del cereal en 1933 y de lo que por entonces se llamaba “paro obrero” con una producción industrial que se redujo a la mitad en casi todas sus ramas entre 1930 y 1935.
En realidad, las obras de Prieto fueron una especie de mini-New Deal castizo para paliar el paro.
Está siendo un poco confusa la introducción, con algunos saltos espacio temporales sin aclarar fechas ni nombres (a veces solo el cargo), a ver si re-edito el post cuando lo tenga más claro ![]()
I can’t
Una tontería.
Dos épocas del franquismo pegadas,
Eso sí, de “orden gigante”,
Estilo imperial,
Foto 1
Foto 2
Estilo aperturismo,
Foto 1
Foto 2
Yo en su día dije esto ![]()
De 1948 ambos (creo que el de Moscú alargó las obras hasta unos años más tarde).
Es una comparación que se ha hecho en numerosas ocasiones. La conexión común es la arquitectura norteamericana. En el caso de Madrid, los Otamendi, que habían estado en varias ciudades americanas, conocían de primera mano los hoteles con estructura de peines que se hacían en América a principios del XX. Como en el España, era habitual en las fachadas la combinación de ladrillo y piedra.
https://www.reddit.com/r/architecture/comments/17e06fy/hotel_pennsylvania_19192023/?rdt=41805
Cuando hacen el España, años después de los Titanic y demás edificios de Reina Victoria o del Edificio Los Sótanos, la tipología de peines ya estaba superada, pero estamos hablando de un momento de estancamiento en las tipologías. América está en guerra y España, arrasada.
A los peines unen otra solución típicamente neoyorquina, los retranqueos.
Una solución que se exportó rápidamente a otras ciudades
Había que escalonar las alturas entre otras cosas, para matizar el pelotazo y que la diferencia de alturas con sus vecinos de Gran Vía no fuese tan abrupta. Peines + Art déco + detalles ornamentales de raíz barroca madrileña, como la Telefonica. En cualquier caso, el referente sobre todo es Nueva York.
La Torre de Madrid, algo posterior, es Art déco, aunque lo disimula cuando se la mira desde Gran Vía. En cambio, cuando se mira desde el chaflán, es inconfundible ese ritmo ascendente y esos balcones que resultan ser alerones.
Las torres de Moscú y de Varsovia tienen en común la raíz americana y que emplean lenguajes ya superados de una manera retórica.
“Para edificar a España Una, Grande y Libre, condenamos al fuego los libros separatistas, los liberales, los marxistas, los de la leyenda negra, los anticatólicos, los del romanticismo enfermizo, los pesimistas, los pornográficos, los de un modernismo extravagante, los cursis, los cobardes, los seudocientíficos, los textos malos y los periódicos chabacanos, E incluimos en nuestro índice a Sabino Arana, Juan Jacobo Rousseau, Carlos Marx, Voltaire, Lamartine, Máximo Gorki, Remarque, Freud y al Heraldo de Madrid”.
Los jóvenes y envalentonados cachorros del SEU acompañaron la quema entonando el Cara al sol. Las exhortaciones bélicas a hacer piras con los libros “malignos” fueron seguidas al pie de la letra aquel día.
Falange se erigía así en órgano censor no solo de los libros políticos con contenido o ideología política, sino también de los libros de literatura, poesía o filosofía. Se condenó a la pira, pues, a los libros perniciosos y ‘envenenadores del alma popular’ que enunciaba De Luna, pero también miles de ejemplares de obras de Blasco Ibáñez, Ortega, Baroja, Unamuno… En resumen, cualquiera que no exaltara los estrechos y excluyentes valores morales nacionalcatolicismo.
Esto último ¿no es republicano (por más que terminado en tiempos de Franco)?
Es curioso que los Otamendi, en los primeros años de postguerra, mantienen el aire moderno en sus promociones.
Es el caso de la construida en el cruce Reina Victoria con Pablo Iglesias.
Luego se pasan a lo que llamas “imperial”.
Yo siempre he pensado que la parte de ladrillo visto es la republicana pero creo que tiene algo de leyenda.
María Ontañón es la autora del módulo de cafetería y paraninfo de la Laboral de Gijón que, como bien sabéis, me fascina.
Y se a ello se añade un vinculación con el mundo del rugby… (siempre me ha llamado la atención entre la arquitectura y el rugby; debe ser cosa de la Escuela de Madrid).
Zuezo debió hacer miles de croquis y bocetos. Y es difícil saber cuáles son los finales, si es que los hubo. Pasa lo mismo con los volúmenes, hay dibujos donde lo que hoy es Obras Públicas es una torre semiexenta y otros en los que es tal y como se construyó.
En algunos habla de ladrillo, incluso colorea los paños con lápiz rojo.
Pero en otros, habla de piedra blanca, granito y mármol negro.
La verdad es que los dibujos más elaborados de la fachada, los que tienen forma de proyecto, parecen dibujar un despiece en piedra.
La cuestión es que el edificio terminó la Guerra sin forrar, ni de ladrillo ni de nada.
Supongo que habrña buena bibliografía al respecto, o entrevistas o memorias de Zuazo, pero no las conozco.









