España destruida en la Guerra del Francés

Casa Real de Aceca

Palacio construido en el siglo XVI, en la Sagra toledana, a orillas del Tajo.

El edificio destruido era obra de Felipe II, aunque se edificaba sobre un castillo anterior. Visitado por los monarcas Habsburgo con asiduidad.

Saqueado y destruido en 1808 por los franceses, casi completamente desaparecido.

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Albergó una de las obras maestras del Prado, el tríptico de Memling. Tenía un sobrio patio porticado.
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Palacio de los Marqueses de Berlanga
En Soria.

Un rico complejo renacentista de orígenes medievales que acogía uno de los mejores jardines de Castilla.

Durante la Guerra de Independencia se provocó su incendio, tras el cual quedó en estado de ruina, en el cual sigue.


Reconstrucción de PAR Arqueología Virtual

La ruina actual.


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Magnífico hilo @GuiriT.

Otro ejemplo famoso es el Castillo de Burgos y su iglesia.

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Muy interesante, con gran desconocimiento del publico en general, son temas que apenas se tratan, parece que solo interesa hablar de politica y fútbol

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La Guerra de la Independencia creo que es lo peor que le ha pasado a España, incluyendo todas las derivadas que asolaron el país durante nuestro nefasto siglo XIX.

Ahora, la pérdida de patrimonio no solo se debió a los franceses, también Fernando VII contribuyó.

Equipaje del rey José y colección del duque de Wellington.

Xavier Bray

Muchas de las mejores pinturas que se exhiben en la Apsley House de Hyde Park Corner, la que fuera residencia londinense de Arthur Wellesley, más conocido como duque de Wel­lington, pertenecieron en su día a la colección real española. La triunfal campaña militar de Wellington contra las fuerzas napoleónicas durante la Guerra de la Independencia le valió el título de ­«Libertador de España», y en dos ocasiones fue recompensado con regalos de cuadros. La primera vez fue el 15 de agosto de 1812, tras la victoria de ­Wellington en la batalla de Salamanca y su entrada triunfal en Madrid, cuando la regencia española agradeció sus servicios con doce pinturas del palacio real de La Granja de San Ildefonso, próximo a Segovia. Pero los cuadros más importantes saldrían de lo que vino a ser conocido como «el equipaje del rey José», por una notable sucesión de acontecimientos que componen una ­curiosa historia de codicia castigada y caballerosidad premiada. En el ­verano de 1813, José Bonaparte, instalado en el trono de España en 1808 por su hermano Napoleón, huía ante el rápido avance del ejército de Wellington por el norte de la Península. El 21 de junio las fuerzas francesas sufrieron una derrota aplastante en la batalla de Vitoria. Después de la batalla, los soldados de Wellington encontraron el ­coche de José entre el abundante material y bagaje capturado. El propio José había ­logrado escapar protegido por la caballería francesa, pero en su coche se ­encontraron no solo documentos de estado, algunas cartas de amor y un orinal de plata, sino también más de doscientas pinturas sobre lienzo, desclavadas de sus bastidores y enrolladas, junto con dibujos y grabados. Todo ello lo envió ­Wellington a Inglaterra para ponerlo a salvo bajo la custodia de su hermano lord Maryborough. Los cuadros fueron al punto examinados por ­William Seguier, conservador de la pinacoteca real y más tarde de la National Gallery, quien diligentemente catalogó los principales en una lista de ciento sesenta y cinco. Pronto se dio cuenta, con sorpresa, de que José ­Bonaparte había sustraído muchas de aquellas pinturas de la colección real española y pretendía llevárse­las a Francia. Informado el duque de ­Wellington, ­ordenó devolver las pinturas sin dilación al recién repuesto rey de España Fernando VII. El 16 de marzo de 1814 pidió por carta a su hermano sir Henry Wellesley, entonces representante británico en España, que comunicase a Fernando VII el paradero de las obras y su deseo de devolverlas a España. Pero no recibió respuesta, y en septiembre de 1816 volvió a suscitar la cuestión en una carta al conde de Fernán Núñez, representante español en Inglaterra. A ésta respondió Fernán Núñez: «Adjunto os transmito la respuesta oficial que he recibido de la Corte, y de la cual deduzco que Su Majestad, conmovido por vuestra delicadeza, no desea privaros de lo que ha llegado a vuestra posesión por cauces tan justos como honorables». Resultado de ese generoso gesto es que una selección de magníficos cuadros que pertenecieron a la colección real española puedan verse aún hoy en el Wellington Museum de la Apsley House londinense. Son en total ochenta y tres pinturas del equipaje del rey José, de las cuales se puede rastrear el origen de cincuenta y siete gracias a los inventarios rea­les. Entre ellas se encuentran la Última Cena, de Juan de Flandes, que perteneció a Isabel la Cató­lica; una Sagrada Familia, de Giulio Romano, antaño atribuida a Rafael; Orfeo ­hechizando a los animales, de Padovanino, y Oración en el huerto, de Correggio. Otras obras maestras son la minuciosa ­Judith y Holofernes, de Elsheimer, y el imponente Aguador de Sevilla, de Velázquez.

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Menudo cenutrio Fernando VII, qué terrible.

Además muchos de los edificios no quedaron completamente arrasados por completo, sino muy afectados, y fueron destruidos con posterioridad o con el paso del tiempo.

Aunque es cierto que no podemos exigir nuestra sensibilidad patrimonial a gentes de principios del XIX recién salidos de una brutal guerra, todo sea dicho.

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Castillo del Patriarca

Edificio medieval de Tarragona. Un monasterio-fortaleza construido en el XII para defenderse de los posibles ataques musulmanes desde el mar.

Fue en una de estas torres donde permaneció durante unos días el rey de Francia Francisco I, cuando fue hecho prisionero por los tercios castellanos en la célebre batalla de Pavía el 24 de febrero de 1525.

Fue completamente destruido cuando los franceses lo hicieron volar por los aires con dinamita en 1813, cuando evacuaban la ciudad.

Cuentan los historiadores que el general Bartoletti puso tanto interés en hacerlo desaparecer que, en palabras del canónigo Huyà, las detonaciones de las minas hicieron tanto *estruendo «que hasta el pavimento en que nos hallábamos hizo conmover; vimos las llamaradas de fuego y comprendimos que aquel robusto monumento había dejado de existir».

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La información la he sacado del siguiente blog.

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Salamanca

“Roma la chica” perdió entre una cuarta parte (Luis Cortés) hasta dos terceras partes (Pedro Antonio de Alarcón) de su patrimonio monumental.

Al llegar los franceses empezaron grandes obras de fortificación arrasando buena parte del caserío de la ciudad y de sus monumentos. Desaparecerán el Hospicio, el colegio de los Ángeles, de San Patricio, el militar de San Juan, el de San Pelayo, el del Rey, Trilingüe, los Colegios Mayores de Cuenca y de Oviedo y los restos del Alcázar.

Mesonero de Romanones en “Memorias de un setentón” (1878) narra un río Tormes “lleno de ruinas” y la desaparición de numerosas torres que recordaba su padre, salmantino, en la silueta de la ciudad.


Colegio del Rey, uno de los edificios destruidos.

Ruinas de San Agustín 1849 (Pérez Villaamil)
Ruinas del convento de San Agustín.


Ruinas de San Agustín- Charles Clifford 1853

La información de Salamanca la he sacado de este blog.

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Magnífico tema, @GuiriT. Intentaré contribuir por mi parte igualmente.

Misma fue la suerte del fantástico Retrato de Giovanni Arnolfini y su esposa, obra maestra del pintor flamenco Jan van Eyck. Desaparece del Palacio Real de Madrid en 1813 misteriosamente. En 1842 lo adquiere la National Gallery. Los británicos, como comentaba @gromiko, consideraban que la Corona estaba en deuda con ellos. No tenían nada que devolver a su legítimo dueño. El mismo que años atrás tampoco se mostró muy interesado en ese sentido. Estaban, simplemente, comprando. Hay que valorar esta situación con perspectiva histórica. No puedes pretender que la conciencia patrimonial actual fuese la de antaño. Hoy es la mejor pieza de la pinacoteca londinense. Expuesta en el Museo Nacional del Prado sería una delicia. Ojalá se materialice, en ese sentido, una futura exposición temporal. Exhibirla en su antigua “casa”. Lo veo, no así, muy difícil.

Hay casos de éxito. Piezas restituidas a España siglos después. La Inmaculada de los Venerables de Murillo, la que aún muchos conocen como de Soult, volvió a España en 1941. Obra maestra del Museo Nacional de Prado donde las haya. Aunque no formase parte de las colecciones reales. Una delicia.

Voy a indagar un poco en la arquitectura destruída en la Guerra de la Independencia en el ámbito del Levante. Si encuentro algo interesante, lo comparto por aquí con gusto.

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También el Tríptico de Miraflores (una joya de Rogier van der Weyden) fue expoliado. Estaba en la Cartuja de Miraflores de Burgos y ahora está en Berlín. En la Cartuja también profanaron los sepulcros de los padres de Isabel de Castilla, Juan II e Isabel de Portugal, y de su hermano, el infante Alfonso…

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Según un libro que tengo, Patrimonio en conflicto, la mayor parte de las obras de arte expoliadas son de Murillo, Zurbarán y Alonso Cano

Los cuadros de Murillo acabaron en San Petersburgo, EEUU (Williamstown, Cincinnati, San Luis, Washington, Nueva York, Detroit, Raleigh…), el Reino Unido (Londres, Edimburgo y Liverpool), París, Budapest, Ottawa, Génova, Dresde y Berlín (algunas pinturas se perdieron en la Segunda Guerra Mundial). Con los cuadros de Zurbarán y Alonso Cano pasó otro tanto. Un desastre

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Todavía más desconocido es el saqueo y la destrucción en el campo de las artes suntuarias.
Cualquier objeto que presumiera una fina pátina de plata u oro era salvajemente depredado. Esto no ocurría solamente con las piezas de orfebrería, también con los tapices, o con los ricos textiles litúrgicos, quemados para obtener los preciados metales que componían algunos de sus hilos.

¿Qué decir de las Bibliotecas y archivos eclesiásticos, civiles y nobiliarios? Muchos destruidos por completo. ¿Quién podría imaginar lo que el valioso contenido de esos frágiles soportes, podía haber aportado a nuestro patrimonio: humanístico, histórico, literario, musical, gráfico…?

La descapitalización, cultural artística y económica que produjo la pérdida de este patrimonio es inconcebible e incalculable.

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En la madraza de Granada hace unos años hicieron una exposición sobre el destrozo de los franceses en la ciudad.

Sorprende lo que hicieron en tan pocos años. No solo intentaron dinamitar la Alhambra. Se cargaron capillas, cuadros, bibliotecas, retablos…

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Castell de Ferro.

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Que gran hilo GuiriT, en mi opinión las guerras napoleónicas fueron el gran factor de desestabilizacion del país, a partir de ese momento no hemos levantado cabeza hasta llegar al culmen en la guerra civil, además fue uno de los capítulos más negros de la historia europea.

A breve resumen, hay que tener en cuenta que los oficiales franceses venían de los años del terror jacobino, con el pretexto de bloquear los puertos portugueses nos colaron nada más que 100.000 milicianos en el país, compuestos por presos, ladrones y mercenarios de los ejercitos que habían derrotado por toda Europa, vamos lo mejor de cada casa, desde el minuto uno se dedicaron a rapiñar y ejecutar juicios sumarisimos disfrazados de aliados.

Para colmo nos tocó al rey más míserable que podíamos tener, el mayor miedo que causaba Fernando VII en Napoleón era que rompiese las lámparas del palacio de Bayona con una botella de champán.

En la toma armada del país cometieron todo tipo de barbaries, quemando conventos y arrasando poblaciones enteras en las que encontraban un mínimo resistencia, cualquier fortaleza que pudiera ser susceptible de ser usada en batalla era atacada, destacaría como fortalezas destruidas el castillo de Olite, el de Ampudia, el de Burgos, el de Zafra, el de Xativa y el de Calahorra.
Y como exponente de crímenes de guerra el saqueo de Córdoba, totalmente desmedido y que ha quedado para la posteridad, cuestión que posteriormente afectaría mucho en la repatriación de los franceses, a pesar de haberse pactado previamente con Dupont.

Dicho esto, hay que comprender el salvajismo al que estaban habituados los oficiales franceses, venían de unos tiempos violentos en Francia y los exportaron por Europa, no estoy defendiendo los hechos, pero los españoles cometimos actos similares como por ejemplo el saco de Roma, crímenes de guerra vergonzantes realizados en el clamor de la batalla.

Los ingleses sacaron tajada, además de que habían acabado con la armada en Trafalgar poco antes reclamaron la destrucción de la línea de defensa del campo de Gibraltar, y claro, aprovechando la situación como habéis reseñado destruyeron la emergente industria, pero en esa situación no estábamos en condiciones de negociar con nuestro ancestral enemigo.

Para terminar tan larga intervención quiero añadir algo personal, soy gato muy antiguo, mi abuela me contó que en la casa en la que nació que era de la familia en la puerta había unos perdigonazos realizados por los franceses, esos perdigonazos los mantenían con orgullo hasta que en otra guerra fue destruida, por lo que en honor a mis antepasados: ¡Muerte al francés!

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Todavía nos quedan peligrosos “regalos” repartidos por la península de aquella época.

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Lo más triste de toda esta historia, afán de ponernos como los tontos y malos aunque fuéramos victimas de episodios históricos traumáticos, es que hay mendrugos como Pérez Reverte que va soltando por ahí que debimos aceptar el yugo de Napoleón.

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Lo triste es que después aceptamos el yugo de Inglaterra con medio Congreso liberal sobornado y después el yankee.

De yugos vamos sobrados.

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Tenemos que recordar más esta Guerra que la Civil, es un punto de inflexión mayor y sirve para unirnos más. Hay más moralejas que sacar.

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Tan mayor como que de ella nace la nación política española.

Con una Pepa que, a pesar de los que la acusan de descafeinada o clerical por necrolegendarismo, fue verdaderamente un hito político, ya que le daba soberanía nacional a lo que en el momento de su redacción era un imperio ultramarino, llevando el parlamentarismo democrático albsufragio universal masculino, cosa a la que no se atrevieron ni los franceses en 1791, manteniendo la igualdad ante la ley en toda su extensión. Factualmente fue un fracaso estrepitoso, pero su influencia teórica fue mucho mayor de lo que se nos vende, al punto de que unos años después las Dos Sicilias la copiara verbatim reconociéndolo sin pudor.

http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0121-84172012000200003

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