La inmigración es un complemento fantástico para una demografía estable o ligeramente descendente, pero no puede convertirse en la fuente primaria poblacional de un país consolidado como el nuestro.
Porque si pretendemos engañarnos a nosotros mismos de que vamos a estar perfectamente otros 30 años jubilando a generaciones de 700.000 ciudadanos anuales, con 300.000 nacimientos + 500.000 inmigrantes, pues me parece como mínimo un autoengaño siendo benevolente.
Ya ni siquiera entro en temas de tipo cultural y social (que es un argumento naturalmente despreciado por nativista o xenófobo, pero algo de sustancia sí podría tener con esas cifras tan hiper-extremas donde llegan holgadamente más inmigrantes que nacen nacionales en números absolutos cada año), sino que en temas económicos tampoco está tan claro que sea la panacea.
Por ejemplo, entre 1996 y 2010 llegarían a España 6-7 millones de inmigrantes en lo que fué el primer boom de recepción de inmigrantes en lo que antes era un país relativamente ajeno a estos fenómenos.
Posteriormente, en cuanto llegó la primera crisis económica seria, el sistema de pensiones estaba quebrado igualmente. Porque buena parte de esa migración masificada era monocultivo de mano de obra poco cualificada y remunerada, al calor de puestos de trabajo finitos en la burbuja inmobiliaria calentada por los actores político-económicos patrios siempre mirando en el corto plazo.
Y, punto aparte, salvo la inmigración de determinadas filiaciones religiosas u orígenes geográficos puntuales, la gran mayoría de inmigrantes han adoptado las tasas de natalidad abismales de la población española. Porque si no es país para tener hijos, no lo es para nadie. ¿Resultado? Intentaste poner un parche a un agujero, y ahora tienes que poner otro parche más grande a un boquete agrandado (y así sucesivamente).
Los inmigrantes también tendrán todo el derecho del mundo a jubilarse de aquí a unos años (digo yo), y también esperarán que haya nuevas generaciones que paguen esas pensiones. Hijos que ellos tampoco habrán tenido.
Es palmario que con fertilidades de 1,1 - 1,2 hijos por mujer de forma constante, el castillo de naipes quiebra por su propio peso, por más que se haga una constante huida hacia adelante como la que comentas.
Lo mas sano (y lo más dificil) sería que en España hubiese una auténtica revolución orgánica del sistema político y la sociedad de corte natalista que permita e incite a la gente a tener hijos, para recuperar niveles de fertilidad que al menos estuviesen en el umbral de los 1,6 - 1,7 - 1,8 hijos por mujer. Sé que es un sueño utópico, y eso que ni siquiera son tasas de reemplazo.
Y ya partiendo de esa base, lo complementas con tus 200.000 -250.000 inmigrantes anuales de calidad que nos diese un “boost” adicional (introduzcase aquí convertir España en referente universitario en Latinoamérica para estudios de grado y postgrado), y tendríamos un país con futuro con el que poder ser perfectamente optimista.
Un Saludo.