Con lo que también aluciné, para mal, de este último viaje fue con los paneles de información de los retos arqueológicos del Mercado del Borne.
Daba vergüenza ajena. Indigno de una ciudad de la categoría de Barcelona.
Que si “1714 supuso el fin de la Nación catalana” “y su libertad”, que si “dictadura borbónica”, que si “según algunos historiadores esto supuso terrorismo militar”.
También la narrativa general. Que si Barcelona ya “era una ciudad con una gran diversidad y variedad de culturas” o sobre un supuesto ambiente dinámico antes del asedio cuando la ciudad, y Cataluña en general, sufría una crisis casi letárgica desde la alta edad media.
Vergüenza ajena.