Yo cuando viajo a otras ciudades lo que percibo primero es que, sus dirigentes, tienen amor por su ciudad, independientemente del color político. Todos buscan el bien de su ciudad desde su concepto ideológico, aunque este pueda o no cuadrar con el de uno mismo. Y en la política municipal, que atiende a conceptos específicos sin postulados legales, la línea puede ser más trasversal y difusa. A unos les pueden gustar más o menos las políticas de Ada Colau o Rita Barberá, ejemplos antagónicos de dos personas sin nada en común salvo el amor a su ciudad. Ambos personajes, a pesar de poder interferir en otros asuntos, nunca perdieron el foco en su ciudad.
Los alcaldes de Sevilla, Oviedo, Barcelona o Palma es seguro que en algún momento, en su juventud, soñaron con ser alcaldes de su ciudad (como algunos de los que aquí escribimos seguro que hemos soñado alguna vez). Y para ellos es un orgullo, y seguramente, algo muy emocionante.
Seguramente el alcalde de Sevilla no se conozca todas las iglesias de su ciudad (o sí) pero dónde está la iglesia del Salvador seguro que sí, al igual que el de Oviedo sabe donde está Santullano, el de Barcelona Santa María del Pi o el de Palma San Francesc. Yo puedo decir que una vez, el actual alcalde (cuando aún no lo era), no sabia donde estaba San Pedro el Viejo, y ocupaba un cargo en el que DEBERÍA saberlo.
Con esto quiero decir que uno de los principales problemas es que gran parte de los políticos y técnicos que se encargan de gestionar esta ciudad, no saben nada de ella. Así es difícil que nazca un amor propio por este tipo de detalles.
Madrid no es una ciudad fea, lo que pasa es que, en muchos puntos, está fea. Los más viejos del lugar recordamos lo que era pasear por las estrechas aceras de la calle Arenal, entre coches y autobuses, en una calle verdaderamente gris y fea. Y creo que como yo, la primera vez que caminamos por el medio de la calle, viendo perspectivas y fachadas, descubrimos una calle bonita.
Y al resto de madrileños, lo que aquí nos preocupa y ocupa, les importa un pimiento. Si no, hay ciertas cosas que no se entenderían, pues aquí, no se vota en clave local.
No obstante estos temas que nos preocupan, si deberían preocupar a la corporación municipal, pues es su función y responsabilidad es velar por el bien común y los intereses de la ciudad. Que un lugar como San Francisco el Grande esté como está es indicativo de muchas cosas, y el primero es no saber si quiera que somos.
Incido mucho en fachadas, cerramientos, revocos…pero es que la solución a estos problemas es sencilla y los resultados son sorprendentes en el cambio de percepción de los habitantes hacia su ciudad. No podemos reurbanizar todo los márgenes del Manzanares, ni hacer que Usera o Carabanchel tengan otra arquitectura, pero si podemos empezar a cuidar los pequeños detalles y los cosas que están en nuestra mano para generar sinergias de cambio.
Actuaciones de calado en espacios muy puntuales de la ciudad podrían hacer cambios enormes, como sucedió con Madrid Río. Perdón por la chapa.