Me has recordado que en 1841 llegaron noticias de que en Inglaterra estaban probando pavimentar las calles con cuñas de madera, un pavimento mucho más silencioso. El ayuntamiento de Madrid se interesó y también quiso hacer una prueba en una calle que «no siendo de gran estension ni anchura, fuese de bastante tránsito de carruages para que se viese la utilidad que podría reportar».
Eligieron la calle de Peligros, aunque algunos eran reticentes porque lo que era una ventaja también podría ser un inconveniente: que hubiese más accidentes si los transeúntes no se percataban de que un carruaje se acercaba. «Han comenzado á hacer como que pavimentan con madera la calle de Peligros, después de estar dos meses hecha un arenal. Ya hemos dicho en otra ocasión que este ensayo ha debido hacerse en una calle mas ancha, para evitar las desgracias que ocurrirán con el mucho tránsito, no oyéndose et ruido de los carruages. Ademas la madera que al efecto van á usar nos parece poco consistente, y si á esto se une el no estar resinada, como debía, resultará que al poco tiempo de concluido el pavimento no se podrá transitar por él» (La Posdata, 10 de septiembre de 1842).
Para El Castellano, el pavimento de madera costaba un dineral. «Ademas se cree que ofrecerá muchos inconvenientes: hay quien cree que cuando aquellas cuñas se hinchen á causa de las lluvias, no podrá conservarse en buen orden el pavimento: otros opinan que el terreno no se halla bastantemente firme y los carruages le destruirán pronto; otros en fin temen que los coches aumenten los peligros que siempre corrieron en aquella calle los que pasan por ella».
El nuevo pavimento no pasó bien la prueba del invierno. «El pavimento de la calle de Peligros se ha hinchado (como se hincha siempre la madera cuando se moja) y levantado las losas de las aceras. Este inconveniente de los pavimentos de madera se ocurría desde luego, y no creemos hubiera sido imposible de evitar, 1° dando mayor vertiente a la calle, para que el agua no se detuviese en ella ; y 2° cubriendo las cuñas de algún barniz. Por de pronto los dueños de las casas no deberán hallarse muy contentos; porque esa presión en los cimientos algo podrá contribuir á acelerar la ruina de los edificios» (El Heraldo, 21 de febrero de 1843).
Se hicieron varias reparaciones, pero en 1848 se renunció al pavimento de madera y la calle de Peligros fue empedrada con adoquines. Para el periódico El Clamor Público, en 1850 se producían «ensayos repetidos, calles empedradas dos y tres veces seguidas, colocación del arroyo ya en medio ya á los lados, elevación ó depresión del centro, tarugos de madera, adoquines, asfalto, piedra; todo lo hemos visto poner en juego para ir siempre á parar á lo peor. Seguramente puede decirse que á continuar la mania de andar levantando y renovando el pavimento de Madrid sin mas norte que el acaso, dentro de poco el empedrado de la Corte vendrá á costar mas que si se hubiera hecho de oro».
En el fondo había una lucha de intereses por lo que prometía ser un negocio con jugosos beneficios económicos. Cada promotor ensalzaba las virtudes de su sistema de pavimentación pero silenciando sus inconvenientes. En 1851 llegó la noticia de un adelanto, las “ruedas mudas”, «mucho mas útiles para conservar el silencio en las calles que el mismo pavimento de madera, se hacen cubriendo las ordinarias con un aro de goma elástica volcanizada, y dícese que duran estos aros tanto como los de hierro».








