El diplomático se encontraba en ese momento en el Palacio de Montellano.
Al día siguiente de haber presentado mis cartas credenciales nos cambiamos al palacio del duque de Montellano, que yo había alquilado. Los terrenos ocupaban toda una manzana de casas. Los espaciosos jardines, mirando hacia la Castellana, estaban rodeados por una alta verja de hierro, y los árboles y arbustos se disponían de tal forma que uno podía pasear o estar sentado en el jardín sin ser visto desde la calle, y comer privadamente en la terraza. La reina Victoria amaba este jardín. El edificio había sido proyectado por un arquitecto francés. En un salón, especialmente diseñado para ello, colgaban cuatro famosas pinturas de Goya. El comedor, de mármol, con el techo decorado por un pintor italiano, era bello y distinguido. En cierta ocasión, en la etapa inicial de su exilio, el expresidente de México Porrio Díaz se presentó en Madrid; el rey no pudo recibirlo en palacio por razones políticas, pero lo obsequió con una comida en su honor en los comedores del palacio de Montellano. En el salón rojo había cuatro grandes obras de Guardi, otra vez de moda tras un período en que la valoración del pintor había caído, y de las paredes del salón de baile, sin equivalente en ninguna otra embajada, colgaban el retrato de la duquesa de Arión, de Zuloaga, madre de la joven duquesa de Montellano, y el de la duquesa Dowager, de Boldini, en el que la retratada parecía un cristo femenino, pues fue pintado en una época en que las jóvenes procuraban tener tal apariencia.
Tanto el salón de baile, emplazado en un extremo de la casa, como el comedor, al otro lado, daban a una amplia terraza de mármol cuyas escaleras descendían hacia el jardín, con sus ores, su hermosa fuente, sus numerosos pinos, plátanos y castaños de Indias. Frente a la terraza había un encantador pabelloncito de piedra para tomar el té y jugar a las cartas. Uno de los proyectiles de Franco impactaría sobre este lugar durante la guerra. Ocultas de la terraza por arbustos y árboles había tres casas de piedra para la servidumbre, el garaje y las cocheras, y detrás de estas un establo de ladrillo para nueve caballos, con los nombres de los ponis de polo de Montellano pintados en los pesebres.
El Palacio de los Duques de Montellano
El Palacio de Indo y el Barrio de Indo en el Plano Parcelario de Madrid de 1874, realizado por el Instituto Geográfico y dirigido por Carlos Ibáñez e Ibáñez de Ibero
Fotografía del palacio de Jean Laurent. Fuente: Jardines del Paseo de la Castellana II.- El Barrio de Indo | Arte en Madrid
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