Yo, chicos, de verdad, no entiendo por qué todo se tiene que tomar como un ataque y un insulto en vez de una crítica constructiva.
Lo que se vio en Barcelona le dio mil vueltas a todo lo que se organizó en Madrid, pese a que en Madrid, lo que más ha destacado ha sido la cantidad de gente que ha asistido a los eventos del Papa. Pero vamos a ser claros.
La vigilia en la Castellana parecía un ensayo de lo que se iba a hacer en el Bernabéu: una rave católica con DJs, grupos que parecían más de Cantajuegos que de música religiosa y espectáculos dignos de musical de Broadway que rozaban el bochorno. Salvó a este acto la exposición del Santísimo (silencio sepulcral en un público de más de medio millón de asistentes, con la mayoría arrodillados) y el espectáculo de fuegos artificiales del final, que fue más que digno.
El que debió ser el remate del pastel, la Misa del Corpus Christi, se quedó en un evento desangelado, tristón, aburrido y cutre que, pese a la correcta elección del acompañamiento musical y a la impresionante asistencia de 1,2 millones de personas, se quedó muy corto para lo que podría haber sido. La elección de que el Papa llevase la Custodia en manos bajo palio salió de él mismo, así que poco se podía hacer, pero se podía haber hecho una procesión más digna, más larga (tenía más sentido ir de Cibeles a la Almudena, sin volver) y con más ambición. Una especie de Corpus de Sevilla o de Granada, con altares efímeros monumentales en Alcalá, la Gran Vía, Preciados, Sol y Mayor, montados por todas las cofradías y hermandades de Madrid y las diócesis de alrededor, hubiese estado genial.
Pero lo que fue la gota que colmó el vaso fue el acto en el Bernabéu. Si lo de la vigilia me pareció bochornoso (a pesar de que varios elementos salvaron el acto), lo que se hizo en el estadio del Real Madrid rozó la vergüenza ajena y la auto-humillación. Rave digna de las macro iglesias evangélicas de EEUU, la imagen vicaria de la Virgen de la Almudena y el Cristo de Medinaceli (la devoción cristífera más importante de TODA España) arrinconados como si fueran atracciones de feria, la pseudo procesión que se hizo con esas mismas imágenes, las canciones de cantajuegos y DJs con gorros de Shrek, Christian Gálvez y la lameculos de la Ana Rosa Quintana como presentadores, lo del simulacro de partido de fútbol que se hizo delante del mismo Papa (por Dios, no he pasado más vergüenza en toda mi vida).
Y es que es comparar todo esto con la visita del Papa a Montserrat, con la bienvenida de Barcelona al Pontífice en su Catedral, con el momento del Virolai a la Virgen de Montserrat en la vigilia, y sobre todo, con lo de la Sagrada Familia… Y es que se te cae del todo el alma a los pies.
Con todo esto, llego a una conclusión muy triste: Madrid no tiene solución. Y menos cuando se toma todo como un ataque y se pretende vender que lo que se vio en la pasada semana fue algo espectacular, poniendo como excusa la cantidad de público que hubo. Pero al final, lo que se dice siempre (y con razón), cantidad no es igual a calidad.
Me entristece mucho como madrileño reconocer estas cosas, pero es que no hay ganas, no hay inquietud, no hay interés, no hay intención, no hay ni siquiera amor propio por esta ciudad… Es deprimente.