Buenos días,
Me llamo Carlos Pastor, soy periodista. Me pongo en contacto con ustedes para pedirles salvar de la demolición anunciada en varios medios de prensa, de la antigua Casa Caballero-Magán, edificio neomudéjar construido entre 1906 y 1907 en el poblado ferroviario de la estación de Guadix, así como la antigua estación de mercancías de La Sagrera de Barcelona, inmueble de 1918. Ambos son dos símbolos del patrimonio ferroviario de España que merecen ser respetados y salvados.
Muchas son las voces civiles que se están quejando contra esta operación. Empezando por los vecinos de Guadix, como divulgadores del patrimonio y la arquitectura, entre ellos Bronthë, recientemente perfilado por El País como “el influencer del modernismo”, que ha publicado un vídeo en sus redes sociales denunciando la amenaza que pesa sobre este edificio singular. En su intervención, reivindica la figura del arquitecto Enrique T. Daverio Vara, autor del proyecto, y se suma al movimiento ciudadano que exige su protección, rehabilitación y puesta en valor. “Nos quieren tirar un edificio neomudéjar, otra vez con la misma de siempre, y esta vez es Adif la culpable”, afirma en el vídeo, que ha superado las 10.000 visualizaciones en TikTok en pocas horas. En paralelo, arquitectos como asociaciones o foros amantes del patrimonio y de la arquitectura que asisten estupefactos, servidor incluido, que se lleve a cabo este tipo de operaciones que atentan contra el patrimonio, la historia, la arquitectura, y, en suma, contra la identidad de los pueblos y barrios de España.
La administración pública es la primera, repito, la primera que debe dar ejemplo a la ciudadanía en respetar la cultura y cuidar su legado; no destruirlo. Amar la patria es respetar su legado, su memoria, su pasado. ¿Quién es un ser humano o colectivo para destruir un edificio que forma parte de la memoria de todos? ¿eso es democracia? ¿eso es amar tu país? ¿eso es tolerancia? ¿eso es escuchar al pueblo? ¿eso es progreso moral? En absoluto. Destruir el patrimonio es un acto propio de sociedades bárbaras, incivilizadas y exclusivo de épocas nada paradigmáticas y oscuras donde se destruía patrimonio sin escrúpulos, sin sensibilidad artística, y sin consultar a nadie pisando toda voz popular de forma autoritaria, inquisitorial y bárbara.
Las naciones avanzadas, desarrolladas e inteligentes y con un ápice de sensibilidad respetan, escuchan y protegen.
Me pregunto. ¿qué imagen quiere tener Adif de cara al futuro? ¿de cara a la historia? ¿de cara a la opinión pública? Ustedes deberían ser los primeros en hacer patria, en hacer país. ¿Se necesitan construir estaciones nuevas modernas, más eficientes y grandes? Desde luego, nadie pone en duda eso. Ahora bien, eso no justifica destruir patrimonio ferroviario antiguo, sea este de estilo ecléctico, neomudéjar, neoclásico o modernista; todos iconos de una época y de muchos barrios de pueblos y ciudades de España. España ya ha destruido mucho patrimonio de mucha índole (palaciego, religioso, industrial, paisajístico). Aprendamos de los errores del pasado, no repitamos la misma pauta autodestructiva sin sentido.
En conclusión, les pido a reflexionar, no por mí, sino por España. Un país que protege su patrimonio demuestra que quiere su patria, que se siente orgulloso de sí mismo. La modernidad puede convivir perfectamente con el pasado. Matar el pasado, es matar la identidad de una nación y a la postre, deriva en no amar el país. Un país que destruye su legado y el patrimonio que forma parte de su cultura, está condenado al olvido y a su desaparición como colectivo y como etnia.
Estoy a la espera de su respuesta.
Un cordial saludo
Carlos Pastor