Además del dinero desembolsado, la singularidad del trazado es otra de las controversias que juegan en contra de los comerciantes. «Aquí tienes que coger el coche para prácticamente cualquier cosa», resume una vecina, quien apunta a la amplitud de las calles, algunas de ellas con hasta cuatro carriles por sentido, como principal obstáculo para hacer vida de barrio. «Si vas a la carnicería, y luego para ir a por el pan tienes que andar 20 minutos, al final acabas cogiendo todo en el centro comercial»
De hecho, son los mismos comerciantes los que remarcan la imposibilidad de levantar hoy en día algo similar. «¿Tú has visto la gente que hay? Hasta bien entrada la tarde no ves a casi nadie por la calle», recalca la mayoría, conscientes de que son muchas las familias jóvenes que salen de casa por la mañana y no vuelven hasta el final del día; con el añadido, además, de que la población mayor es prácticamente nula.
Para más inri, El Cañaveral se ha convertido en uno de los escaparates favoritos de los ladrones, los cuales aprovechan la distancia física con la comisaría de Policía Nacional que atiende en su barrio (la de San Blas, ubicada a diez kilómetros), y la comisaría integral del distrito de Vicálvaro de la Policía Municipal (a cinco), para hacer de las suyas en tiendas y garajes. Ello ha llevado a algunas farmacias y al único estanco que sirve a todo el vecindario a tomar una medida de seguridad extrema: los clientes deben llamar al timbre y esperar en la calle a que les abran la puerta.