Hecho está, a ver que dicen…
Atención a la Sra. Consuelo Sánchez Naranjo:
Me llamo Carlos Pastor, soy periodista. Me pongo en contacto con usted, porque me gustaría solicitar la recuperación de los jarrones que coronaban la azotea del Palacio de Aranero, sede actual de la Secretaría de Estado de Función Pública.
Como usted sabe, Madrid ha destruido mucho patrimonio en su pasado. La lista es muy larga: el Palacio de Medinacelli de la Plaza Colón, el Palacio Anglada, el Palacio Xifré, el Hotel Florida, La Pagoda, etc…El periodo histórico comprendido entre 1939 y 1975 fue una era negra, no solo por la pérdida de libertades, democracia y derechos de nuestro país, sino por la destrucción de una parte importante del patrimonio arquitectónico de muchas ciudades españolas, y Madrid fue una de ellas. El desarrollismo, una modernidad mal entendida, y una especulación voraz y sin escrúpulos derribó, mutiló y desfiguró muchos edificios de nuestra trama urbana capitalina.
Si bien es cierto, que en los últimos años la ciudad ha recuperado de forma tímida elementos de su patrimonio desaparecido como: las farolas históricas de Sol/Alcalá, el templete de Gran Vía, la loba capitolina de Gran Vía 18, el rótulo del edificio Capitol, etc… todavía queda mucho camino por hacer en esta línea. Es por ello que tanto servidor como distintos profesionales ligados al diseño, arquitectura, bellas artes, estética y urbanismo con quienes debato y comparto opiniones asiduas sobre el patrimonio de Madrid, sentimos que no es suficiente. Echamos en falta, una mayor implicación por parte de las administraciones públicas, como de diferentes estamentos en cuidar la estética, el detalle, y en suma, el patrimonio de Madrid. En este sentido, somos muchos los que creemos que se puede hacer mucho más y mejor.
Madrid, como capital se merece recuperar la grandiosidad, la belleza y majestuosidad de sus edificios. Y es que ya que en muchos casos no es posible, por ejemplo, reconstruir un palacio donde hoy en su solar se alzan viviendas privadas, sí es posible actuar en propiedades públicas, como el caso que aquí nos ocupa, así como, recuperar la fisonomía original del patrimonio que hoy día, se muestra alterado, pero existente.
En conclusión, mantener el Palacio de Adanero tal cual ésta, alterado respecto su concepción original, no suma a la calle Santa Engracia, ni al barrio de Chamberí, ni a Madrid; resta. Y es que la capital de España no puede permitirse el luego de ofrecer una imagen de edificios alterados, desfigurados, amputados y deslucidos fruto de reformas o decisiones fallidas del pasado; ello todavía resulta más inadmisible cuando estos edificios alterados son de titularidad pública, ya que en este caso facilita toda intervención de restauración.
Es por ello que les pido realizar esta operación. Sería una obra altamente sencilla, y totalmente viable en sentido técnico, económico, jurídico como de seguridad y riesgos.
Adjunto un plano del edificio, como una fotografía antigua donde se percibe como eran esos jarrones. Hoy día, con tecnología avanzada podemos reconstruir esos elementos. Un paradigma de reconstrucción de elementos desaparecidos lo encontramos en Gran Vía 19. El antiguo Hotel Roma, actual centro comercial Wow. El arquitecto que participó en su restauración, Gabriel Allende me corroboró que tanto las volutas, la guirnalda como la loba capitolina fueron recuperados, gracias a la tecnología avanzada e imágenes antiguas, puesto que no quedaba rastro alguno de los elementos originales en ningún depósito. Pues bien, ha sido posible; el resultado es francamente exquisito y perfecto.
Sra. Consuelo Sánchez Naranjo, le pido tomar ejemplo y seguir los pasos de Gran Vía 19. SE PUEDE.
Me gustaría mucho conocer su opinión al respecto.
Estoy a la espera de su respuesta.
Reciban un cordial y afectuoso saludo,
Carlos Pastor