Un bando de 1591 autorizaba solo tres puntos para la venta al aire libre de carbón, leña y paja: en la calle de Toledo (por donde la Fuentecilla), en Santo Domingo y en «la calle de Alcalá, dende el monasterio de nuestra señora de Vallecas (esquina con la calle Peligros) adelante». Este último punto debió causar trastornos en la circulación de la cada vez más importante calle de Alcalá porque con el tiempo se trasladó a la plazuela que se abría al final de la calle del Caballero de Gracia y que popularmente adquirió el nombre de Plazuela de la Paja.
En la fotografía de 1910 vemos la Plazuela de la Paja. A la izquierda aparece la calle del Caballero de Gracia. En el centro, el palacio de la condesa de la Vega del Pozo y duquesa de Sevillano. Su palacio era una de las edificaciones que iba a desaparecer por la construcción de la Gran Vía. Se resistió a la expropiación pero finalmente aceptó el precio de tasación pericial y se cuenta que del disgusto se fue a vivir a París, diciendo que no volvería nunca a Madrid. En ese solar se construyó el edificio conocido como Grassy al comienzo de la Gran Vía.
A la derecha de la fotografía aparece la desaparecida calle de San Miguel que discurría por la actual acera de los impares del primer tramo de la Gran Vía. En 1837 se instaló en el número 27 de esta calle el Parador de Barcelona «con todas las comodidades para caballeros, carreteros y tragineros». El Parador contaba con taberna, cocina, fonda y cuartos de hospedaje; su emplazamiento, frente a la esquina del palacio de la Duquesa de Sevillano, era muy conveniente porque podía abastecerse en la plazuela de la paja y el grano necesario para numerosas caballerías, ya que este Parador era el punto de llegada para los que venían de Barcelona y Zaragoza por el camino de Aragón. Durante el siglo XIX la actividad del Parador fue incesante porque además de las galeras semanales hasta Barcelona, había carros diarios para Sigüenza, Burgo de Osma, Soria, Almazán, Molina de Aragón…
Como anécdota, el 25 de marzo de 1902 se dio en el Parador un banquete homenaje a Pío Baroja con motivo de publicarse su novela Camino de Perfección. Presidido por Galdós, asistieron Mariano de Cavia, Ramiro de Maeztu, Azorín, Valle-Inclán y «muchos y honrados hidalgos, tan ponderados por sus hazañas como por sus letras», según decía la convocatoria. El extraño y abundante menú se componía de «Cazuela de arroz con despoxos - Alcaucíes rellenos - Terneruela apedreada con limón ceutí - Pescado cecial - Cordero asado - Frutas - Quesos - Valdepeñas trasañejo - Brebaxe de las Indias».
Poco conocido y escasamente divulgado, este delicado edificio, proyectado al iniciarse la segunda mitad del siglo XX para laboratorios, oficinas y almacén de materiales fotográficos, aduce una armónica nota de ruptura y modernidad entre las caducas y oscilantes arquitecturas que tratan de salir de las penumbras de posguerra.
Agazapado orgánicamente al fondo de un profundo valle urbano en el borde de la montaña del Príncipe Pío, y en respetuosa y serena adaptación a la marcada curvatura en pendiente de la calle Irún, ofrece en sus tres fachadas fluidas secuencias ininterrumpidas de huecos entre lisos paños alternativos de caliza y ladrillo visto, sobre un zócalo de granito que absorbe las acusadas diferencias de nivel entre Arriaza y Estanislao Figueras.
Hay que destacar, como elementos definidores de una identidad discretamente aaltiana, las sensibles e inteligentes soluciones de esquina en el encuentro de las calles, donde se maclan las texturas del ladrillo y la caliza, y en aguda y expresiva proa achaflanada de ladrillo en el inferior (Irún - Estanislao Figueras).
En este último caso, a pesar del muro en curva, que le daba cierta elegancia y que dejaba constancia de cómo era la ciudad a mediados del XX, yo agradecí que desapareciese. Su aspecto abstracto, algo masivo, fuera de contexto y al tener delante un terreno elevado correspondiente al Parque del Oeste, te hacía viajar en el espacio, al final de la ciudad, como si te hubieses trasladado a una zona industrial de Villaverde algo destartalada. Además, el edificio que lo ha sustituido tiene calidad
Tiene razón. Pero me gustaba. Y lo que se hizo ahora me gusta mucho, aunque la fachada al Parque del Oeste me parece algo invasiva.
Estaba en el sitio equivocado, pero era arquitectura industrial de principio de los 60, y ese maclado en curva me parecia super elegante; aunque esas pocas rasgaduras de ventanas que tenía le daba un aspecto algo simplón, no me parecia mal edificio. Creo que hemos perdido algo con su derribo.
Ya no recuerdo en qué hilo se estaba comentando la maqueta de Gil de Palacio, que aunque seguro que ya todos la hemos visto más de una vez, contemplarla es un gusto para cualquier forero. Uno no se cansa y siempre tiene detalles que descubrir. Hoy me he fijado que la montaña de los gatos ya estaba en 1830.
Aunque estoy seguro que hay algún enlace o video dónde visitar la maqueta online y con mucho más detalle, nunca sobran sus fotos.
Pues me alegra saber que la colección de la biblioteca del duque de osuna, que estaba en el Palacio de las Vistillas, pertenece en la actualidad a la Biblioteca Nacional
Que decepción, pues sí que dan ganas de rehacerla desde los cimientos y conectarla con el mausoleo y torre. Pero a corto y medio plazo eso no va a ocurrir. Los borbones no creo que lo patrocinen, imagínate las críticas, y además tienen otras prioridades para sus dineros. El arzobispado mejor que tampoco, viendo los precedentes de la Almudena. Si nos leyera el exforero Carlos seguro que proponía recuperar el antiguo templo, y conocería al director de alguna multinacional dispuesta a subvencionarlo (es una broma, que no lo tome a mal). Esa sería la mejor opción, pero la dejamos para otra generacion.