Sin duda en el Procés alcanza el asunto una escala catastrófica. Pero el panorama nacionalista ya era algo que había condicionado a un montón de temas y sectores, especialmente culturales.
Yo mismo tuve en un momento la elección de irme a Barcelona, y con todos sus cosas buenas, fue el nacionalismo uno de los puntos más importantes que me decantaron por otra ciudad. Y sé que no soy el único.
Pues a ver qué tal llevan la nueva oleada de hispanohablantes. La de andaluces y murcianos no es que fuera recibida con brazos abiertos.
¿Volverá a ser culpa de Madrid?
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