MADBIT | Madrid

Pues viraje de las oficinas a los hoteles.

Óscar Sánchez es un hotelero catalán que habla del polígono madrileño donde ha abierto ya dos hoteles como un “pozo petrolífero”. Estamos en Julián Camarillo, una zona rara y poco conocida de la capital, y nos rodea un paisaje postindustrial de edificios desvencijados, oficinas semivacías y parcelas de vegetación salvaje. A priori, no es el escenario de estampa que uno espera cuando se va de turismo, pero esta fórmula funciona. Por la puerta de su hotel Bestprice Alegría salen dos chicas jóvenes de Marsella cargando maletas de ruedas y las recibe un entorno de asfalto y calor sofocante. Una de ellas, Clémence Soggiu, da la clave de por qué están aquí: “Bon prix”. Han pagado 200 euros cada una por dos noches, sábado y domingo. Ese precio se antoja imposible en la almendra central, cada vez más exclusiva. Este polígono, explica el hotelero, es un filón: terreno asequible y bien ubicado. Para un empresario turístico: petróleo.


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